Camisones de mujer: Ellas prefieren la comodidad antes que el glamour

Siempre he pensado que la moda nocturna guarda un misterio propio. No se luce en la calle, no aparece en los escaparates de las avenidas principales y, sin embargo, marca la intimidad de cada hogar. En los últimos años he observado —y los datos lo confirman— que las mujeres priorizan la comodidad frente al glamour cuando se trata de elegir su ropa de dormir. No hablamos de un capricho pasajero, sino de un cambio de hábito que refleja transformaciones sociales más profundas.
¿Es el camisón un simple accesorio de descanso o un espejo de nuestra época? La respuesta, como casi siempre en la moda, es compleja.
🛏️ El camisón clásico frente a la nueva intimidad
Hace apenas dos décadas, la ropa de dormir femenina se asociaba casi exclusivamente a lo sensual. Encajes, transparencias y cortes atrevidos dominaban un mercado pensado más para ser visto que para ser disfrutado. Hoy, sin embargo, la balanza se inclina hacia la funcionalidad.
El camisón clásico —ese que combina tejidos suaves, cortes holgados y colores discretos— vuelve a ocupar un lugar protagonista. Según las últimas encuestas del sector textil, más del 60 % de las consumidoras en Europa afirma elegir prendas nocturnas por comodidad térmica, practicidad y durabilidad, dejando en segundo plano la estética “glamurosa”.
Este giro cultural se refleja también en la diversificación de la oferta: ya no se trata únicamente de camisones, sino de conjuntos más versátiles que incluyen pijamas de mujer y prendas sueltas como el pantalón de pijama.
👩🦱 Mujeres que deciden por sí mismas
“Ya no me compro camisones para agradar a nadie. Los compro para mí”, me confesó una lectora en una de esas entrevistas espontáneas que tanto aprecio. La frase resume un sentir compartido: la ropa de dormir ya no es una herramienta de seducción, sino un refugio personal.
En la práctica, esto significa que muchas mujeres priorizan la textura del algodón, la ligereza de la viscosa o la transpirabilidad del lino antes que los bordados elaborados. Los tejidos naturales ganan espacio frente a las fibras sintéticas, y las marcas responden lanzando colecciones centradas en la experiencia de uso.
No obstante, no debemos confundir comodidad con descuido. El diseño sigue importando, pero bajo otros códigos. Un estampado floral discreto, un tono pastel o una silueta minimalista pueden resultar más atractivos que un conjunto llamativo.

📊 El respaldo de los números
Un estudio reciente de la Asociación Española de Moda Íntima revela que las ventas de camisones y camisas de dormir han aumentado un 18 % en los últimos cinco años. Y no es un dato aislado. La categoría de loungewear —esa moda pensada tanto para estar en casa como para dormir— crece a doble dígito en todo el continente.
En paralelo, las búsquedas en internet muestran la misma tendencia. Palabras como “camisones cómodos” o “ropa de dormir de algodón” superan en volumen a términos como “lencería sexy”. Además, los picos de demanda suelen coincidir con los meses de invierno, cuando la necesidad de confort se vuelve aún más evidente.
Este cambio no solo afecta a las consumidoras. Las marcas lo saben y se adaptan. En webs especializadas, como la de Hunkemöller, es posible encontrar secciones completas dedicadas a camisones, con propuestas que equilibran diseño y bienestar.
🧵 El valor de los materiales
Si hay un factor que explica esta preferencia por la comodidad, es el de los materiales. No basta con un corte holgado si la tela no acompaña. El algodón orgánico, la seda suave pero resistente, la modal de alta calidad y el lino ligero forman parte de un catálogo cada vez más variado.
Las consumidoras también se muestran más informadas. Revisan etiquetas, comparan composiciones y reclaman certificaciones ecológicas. ¿Por qué? Porque el descanso no solo se mide en horas de sueño, sino también en la relación entre el cuerpo y la prenda.
Aquí se abre un debate interesante: ¿podría la sostenibilidad convertirse en el nuevo lujo? Quizá sí. Lo que antes se valoraba como un detalle secundario hoy se transforma en argumento principal de compra.
💡 El impacto del teletrabajo y la vida en casa
No podemos olvidar el factor pandemia. El confinamiento aceleró una tendencia latente: pasar más tiempo en casa llevó a redescubrir el valor del confort. Y si el salón se convirtió en oficina improvisada, el dormitorio pasó a ser también espacio de descanso, lectura o incluso ocio digital.
Ese cambio estructural impactó directamente en la moda nocturna. De pronto, los pantalones de pijama dejaron de ser prendas invisibles y comenzaron a formar parte del día a día. Lo mismo ocurrió con camisones y batas, que pasaron a convivir con videollamadas, café en mano y jornadas extendidas.
La intimidad se hizo visible, y con ello se reconfiguró la manera en que entendemos la ropa de dormir.
🎯 ¿Hacia dónde se dirige la moda nocturna?
Todo indica que la comodidad seguirá marcando la pauta. Sin embargo, los expertos apuntan a una hibridación creciente: prendas capaces de transitar entre lo íntimo y lo social. Un camisón pensado para dormir puede transformarse en vestido veraniego con solo añadir un cinturón. Un pantalón de pijama puede convertirse en pantalón de estar por casa, apto incluso para salir a la calle.
La clave estará en el diseño adaptable y en la versatilidad. Las consumidoras ya no quieren elegir entre glamour o confort: esperan ambas cosas, pero bajo sus propios términos.

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